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En 2026, la decoración de restaurantes se entiende cada vez menos como “estética” y más como sistema de experiencia: confort, identidad, coherencia de marca y facilidad operativa. Los pronósticos en hospitality apuntan a una dirección común: espacios más sensoriales, más auténticos y más resilientes.
Ya hablamos sobre la influencia del Cloud Dancer, el color del año 2026 y en este post nos centramos en las tres tendencias en decoración de restaurantes que marcarán el diseño de interiores en estos espacios.
La "presión" por optimizar metros y adaptarse a diferentes momentos (mediodía vs. noche, grupos vs. parejas, eventos, reservas) empuja hacia soluciones modulares: piezas que permiten cambiar el comedor sin “obra” y sin sacrificar estética.
Qué se verá más en 2026
Decisión rápida
Si el restaurante tiene cambios de montaje cada semana (o incluso cada día), la modularidad deja de ser estética y pasa a ser rentabilidad por m².

LDK Garden es un perfecto aliado para los exteriores, quizás unas zonas del restaurante que, por ser más de paso y por su versatilidad de uso, es donde las piezas modulares y combinables son ideales.
En 2026 se consolida una expectativa clara: poder conversar. El “lujo” en restauración no siempre es más caro; a menudo es más cómodo y menos ruidoso. Aquí el mobiliario tiene un papel directo (más allá del interiorismo).
¿Qué impulsa esta tendencia?

Enamorados de los diseños de Dareels, puro diseño que se fusiona cola ergonomía
La tercera gran línea de 2026 no es “material natural” por moda, sino durabilidad, reparabilidad y trazabilidad: elegir muebles que puedan mantenerse, retapizarse, reacondicionarse o reciclarse con menos fricción. Esto impacta directamente en compras, reposiciones y consistencia estética del local a medio plazo.
¿Qué veremos más?
Biophilic “operativo” y bienestar ambiental: la evolución del biophilic design en 2026: se consolida el enfoque de sostenibilidad “visible” como expectativa del cliente.

MUUBS es un exponente muy sólido de la tendencia 3 (artesanía + materialidad auténtica) porque su propuesta se apoya en materias primas con carácter y en una estética deliberadamente raw: veta visible, texturas táctiles y pequeñas “imperfecciones” naturales que convierten cada pieza en un objeto con identidad, no en un producto genérico. La marca articula este enfoque desde el propio relato (“cada producto tiene alma y su propia historia”) y lo aterriza en colecciones donde se priorizan maderas macizas, combinaciones con metal y otros materiales expresivos, además de una lógica de longevidad (piezas diseñadas para durar y envejecer bien) que encaja con una compra más circular en contract.
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