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El estilo colonial ha sabido mantenerse vigente gracias a su capacidad de combinar la elegancia clásica con elementos naturales y artesanales. Ya sea en viviendas o en proyectos contract —como hoteles boutique o restaurantes con personalidad—, este estilo ofrece calidez, distinción y una identidad visual única.
Descubrimos sus características, cómo aplicarlo correctamente y los elementos esenciales que no pueden faltar con imágenes de ASITRADE, perfecto exponente del estilo colonial en decoración

El estilo colonial nace del encuentro entre culturas: principalmente, la influencia europea reinterpretada en contextos tropicales. Esta mezcla da lugar a una estética atemporal, que equilibra lo sobrio y lo artesanal.
Se caracteriza por:

La madera oscura domina en mobiliario y carpinterías. Se valora su veta natural, sus acabados encerados o barnizados y su peso visual, que aporta solidez al espacio.
Los objetos y muebles suelen estar trabajados a mano, con detalles como tallas, herrajes antiguos o trenzados. La imperfección controlada añade autenticidad.
Los tonos tierra, arena, beige o blanco roto permiten destacar la riqueza de la madera y favorecen ambientes relajados. A veces se incorpora algún color intenso —verde oliva, rojo o azul profundo— como acento.
El estilo colonial introduce piezas o estampados de inspiración africana, asiática o caribeña, pero siempre bajo un marco sobrio y elegante.
Cortinas de lino, tapizados en algodón crudo o alfombras tejidas manualmente son elementos esenciales para equilibrar la solidez de la madera con ligereza.

Los muebles coloniales suelen tener formas amplias, respaldo alto, patas torneadas o detalles ornamentales discretos que los conectan con lo clásico.
Bisagras, tiradores y remaches de metal envejecido, latón o hierro forjado son distintivos. Aportan textura visual y autenticidad.
Es común ver combinaciones como madera + cuerda, o madera + piel natural. Estos contrastes enriquecen la estética y añaden interés sin perder armonía.
Los muebles coloniales no son piezas que desaparecen visualmente: están diseñados para aportar carácter. Un aparador, una butaca o una mesa de comedor en este estilo se convierte en protagonista del ambiente.

En esta zona, el mobiliario debe invitar a la conversación y al descanso. Sofás tapizados en telas naturales, butacas de estructura robusta y mesas de centro en maderas nobles crean un espacio equilibrado. Añadir lámparas de sobremesa con pantallas claras o ventiladores de techo puede reforzar la atmósfera tropical.
Las camas con cabeceros de madera tallada o estructuras de dosel evocan el estilo colonial clásico. Complementar con ropa de cama blanca, alfombras tejidas a mano y baúles antiguos aporta funcionalidad y estética.
El estilo colonial también se adapta al exterior. Mobiliario de fibras naturales o sintéticas de apariencia rústica, cojines de lino y maceteros de barro o cerámica pueden recrear un espacio relajado, sin perder coherencia con el interior.

Elige materiales honestos: madera, ratán, algodón, hierro forjado. Deja que se vean sus texturas y huellas de fabricación.
Si optas por muebles pesados, compensa con paredes claras, tejidos ligeros o elementos verticales como plantas altas o espejos.
Opta por luz cálida y difusa. Las lámparas con pantallas de tela o las estructuras en mimbre son ideales.
El estilo colonial se basa en el equilibrio. Evita llenar el espacio de objetos o mezclar demasiados estilos decorativos. Menos es más, pero con carácter.
Un mueble vintage, una alfombra artesanal o una pieza recuperada puede sumar personalidad sin necesidad de caer en lo temático.
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